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Migrantes en la UE: Tras el naufragio de Lampedusa, la década de la vergüenza

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Manage episode 378569293 series 1217204
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Hace diez años 369 migrantes perdieron la vida en un naufragio frente a las costas de Lampedusa, en Italia. Desde entonces, la política migratoria de la Unión Europea en el Mediterráneo ha estado marcada por decretos de bloqueos, criminalización de las ONG humanitarias, violaciones a los derechos humanos y el aumento sin precedentes de naufragios y muertes en el mar. “La década de la vergüenza” denuncia la ONG SOS Mediterranée.

Reportaje a bordo del Ocean Viking, atracado en el puerto de Marsella

El 3 de octubre de 2013, frente a la isla italiana de Lampedusa y las cámaras de televisión, 369 personas murieron al naufragar la embarcación en la que habían zarpado de Libia. En ese momento el mundo supo que el Mediterráneo se había transformado en un cementerio de migrantes.

"Estaba agarrado a una barra y dos personas me estaban quitando el cinturón por detrás. Se me rompió el cinturón y perdí los pantalones. Las personas se hundieron con mis pantalones en las manos", explica un superviviente de esa tragedia.

Tras el terrible naufragio, Italia puso en marcha ‘Mare Nostrum’, una operación de búsqueda y salvamento de personas en peligro en el mar. Se alcanzaron a salvar más de 150.000 vidas. Pero, solo un año después, ante la falta de apoyo de la UE, la operación fue remplazada por ‘Tritón’, ya no para salvar vidas, sino para controlar las fronteras. Y en estos diez últimos años, la multiplicación de naufragios ha convertido al Mare Nostrum en un ‘Mare Mortum’.

Ocean Viking es el barco de la ONG SOS Mediterranée cuyo equipo de profesionales humanitarios lleva a cabo rescates de masa de personas en peligro en aguas internacionales del Mediterráneo

“Las cifras de mortalidad nunca habían sido tan altas desde 2017, es decir que estamos a los niveles pico de la llamada ola migratoria. La Organización Internacional de las Migraciones reseña 2.569 muertos este año, más que la cifra de todo 2022, cuando hubo 1.417 muertos contabilizados”, explica Sophie Beau, fundadora y directora de SOS Mediterranée

“Este año, Túnez fue el principal punto de salida. Es algo nuevo pues hasta ahora era Libia. 2023 ha estado marcado por muchísimas travesías entre las costas libias, tunecinas e italianas. El eje migratorio más mortífero en el mundo”, precisa Beau.

"Pasamos hasta cinco días para llegar al puerto"

Otra novedad aciaga de este año es un decreto de las autoridades italianas que hace aún más difícil el trabajo de rescate de las organizaciones humanitarias. “Antes esperábamos días y días, hasta tres semanas, para poder desembarcar. Ahora nos asignan inmediatamente un puerto seguro, pero que está muy lejos del lugar del rescate. Hemos tenido que ir hasta Hong Kong, En fin, a puertos que quedan a 1.500 kilómetros del lugar del naufragio. Pasamos hasta cinco días para llegar al puerto. Y otro tanto en la vuelta. No hablo sólo del Ocean Viking. Sucede con todos los buques de salvamento. Así es imposible optimizar nuestra capacidad de rescate porque estamos en tránsito antes de desembarcar a los supervivientes. Además, el combustible resulta demasiado costoso. Y algunas ONG ya no pueden operar más por razones financieras”, denuncia.

En virtud de un acuerdo firmado en 2017 entre la UE y Libia, los guardacostas del país del norte africano deben impedir que los migrantes leven anclas rumbo a Europa.

“Todo el tiempo, los barcos están tan sobrecargados que hay que jugar constantemente con la estabilidad de la pequeña embarcación cuando se baja a una persona. El barco está siempre a punto de zozobrar”, afirma Jerome, del equipo de búsqueda y rescate de SOS Méditerranée. En los últimos meses, ha codirigido las misiones de salvamento de barcazas improvisadas que peligran a lo largo de las costas libias

"Los guardacostas libios nos pasan rozando para formar olas y crear el caos"

“Cuando los guardacostas libios llegan con extrema rapidez, hacen olas y uno puede ver el terror en los ojos de la gente. Y no importa cuánto les digamos que se queden sentados para mantener la gravedad. ¡Permanezcan, permanezcan sentados! Pero ellos no pueden evitar levantarse y querer saltar al agua. Y los guardacostas libios nos pasan rozando deliberadamente para formar olas, para crear el caos”, denuncia el rescatista.

Los guardacostas libios también disparan al aire para impedir al Ocean Viking salvar la vida de las personas migrantes que se están hundiendo en el océano. En el puente de operaciones, entre radares y cartas de navegación, Anita coordina tanto la ruta del Ocean Viking como los rescates de migrantes en aguas internacionales del Mediterráneo.

“Por lo general, nos enteramos a través de mensajes de mails. Mails que se mandan a las autoridades italianas y nos ponen en copia. Si tenemos la capacidad de asistir, entonces les decimos a las autoridades que nuestro barco está con la capacidad de asistir, con Cruz Roja a bordo, con hospital, con médicos y un equipo de rescate con tres lanchas rápidas. Otra de las formas de ver si hay gente en peligro es usando binoculares”, explica Anita que navega de forma profesional desde hace 15 años y en 2018 se ofreció como voluntaria.

Ella reconoce que lo más complicado es coordinar con las autoridades, a veces con varios países a la vez como con Italia, Malta o Libia. “A veces te dan respuestas distintas, otras directamente ignoran nuestros llamados. La autoridad competente depende del área de donde estemos. Nosotros podemos prestar asistencia, pero es su responsabilidad y lo que yo necesito es que coordinen. Entonces, para nosotros sentirnos ignorados y dejados en alta mar en las mismas condiciones con las que nos encontramos estas personas en peligro, te preguntas ¿aquí no hay nadie que no esté escuchando?”, denuncia Anita que además ha tenido que vivir cómo los guardacostas libios disparan “más veces de las que me gustaría y son impredecibles”, precisa.

Los guardacostas libios reciben formación y financiación de la UE. A través de una serie de acuerdos informales firmados por el bloque con Turquía, Libia y Túnez, puertos principales de partida de los migrantes, la UE delega en países terceros el control del flujo migratorio a través de la detección y la expulsión de los migrantes mas allá de las fronteras europeas.

Externalización del control migratorio: "La violación más grave de los derechos humanos se produce fuera de la vista"

“Esta política de externalización del control migratorio permite a la UE delegar gran parte del trabajo sucio en terceros países, así que la violación más grave de los derechos humanos se produce fuera de la vista en países donde además, la mayoría de las veces, ni la legislación, ni el sistema judicial cumplen con los criterios mínimos de un Estado de derecho”, afirma Giulia Gelot, jurista, defensora de DDHH y autora del libro ‘Quand la frontière devient une prison’ (Cuando la Frontera se convierte en prisión). (Editorial Croquant, 2023).

La pasarela elevada del Ocean Viking permite avistar embarcaciones en peligro en 360°. “Algunos de los barcos que encontramos tenían soldaduras que ya se estaban rompiendo”, explica el rescatista Jerome.

“Están prácticamente hundidos en el agua. Las personas están sentadas en el borde a flote de la barcaza de menos de un centímetro de grosor. Tienen el trasero en el agua. Se aguantan con las manos que están en el agua. Y en esta especie de bañera mal construida, entra agua todo el tiempo, hay gasolina mezclándose con el agua de mar. Y eso crea una mezcla muy, muy corrosiva para la piel”, explica Jerome.

Las personas están quemadas. Los rescatistas avisan inmediatamente al equipo de recepción y médico que espera en el Ocean Viking la llegada de los sobrevivientes.

“La sal del mar junto con la gasolina provoca quemaduras muy importantes. Entonces, la gente tiene que ir rápidamente a la ducha para bloquear la quemadura que se está produciendo. Hacemos una selección olfativa, los olemos uno por uno para detectar quien tiene que pasar antes a la ducha. También vienen enfermos por deshidratación, no han comido ni bebido durante días, también hay gente herida durante el curso migratorio, los que necesitan ir al hospital son evacuados por helicóptero”, explica Carla, directora de operaciones.

No sólo las mujeres son violadas en Libia

Tras pasar meses, incluso años, en Libia, las personas rescatadas en el mar suelen encontrarse en un delicado estado de salud debido a la extrema violencia que sufrieron allí y a las terribles condiciones de detención. El equipo médico a bordo se encuentra con numerosos casos de heridas de bala o cuchillo, fracturas múltiples, signos de tortura, enfermedades cutáneas e infecciones respiratorias.

“Muchas de las mujeres que pasan por Libia son violadas”, explica Carla por lo que también ofrecen un primer apoyo psicológico y detección de enfermedades sexualmente transmisibles. “También ofrecemos ayuda a los hombres porque a los hombres también los violan, pero eso se dice menos. Nunca se dice en público”, añade la directora de operaciones.

Huir hacia el desierto o el mar

“Quienes arriesgan su vida en el mar no invaden, buscan la vida”, afirmó el Papa Francisco recientemente en Marsella. “El Mediterráneo es el grito ahogado de los hermanos y hermanas migrantes", agregó Jorge Bergoglio. Migrantes que, a veces, Jerome logra rescatar de las garras de la muerte.

“Un náufrago que rescatamos nos contó que cuando zarpó de Túnez tuvo que zigzaguear entre cadáveres que flotaban. Era de Costa de Marfil y vivió cuatro años en Túnez, aprendió el árabe, trabajó hasta que un día el presidente tunecino dijo que personas como él representaban un peligro para la identidad nacional. Entonces, de la noche a la mañana se quedó en la calle con los días contados para huir. Tenía la opción del desierto –porque hay redadas en este momento, meten hasta 500 personas en un camión y las abandonan en pleno desierto, sin agua, ni alimento- o la opción del mar para poder huir”, cuenta el rescatista.

La visita del Papa al puerto de Marsella ha coincidido con los diez años de la tragedia en Lampedusa en donde también estuvo presente una vez ocurrió. En el puerto francés, ante purpurados, políticos y el presidente francés Emmanuel Macron, el Pontífice condenó la propaganda alarmista sobre el fenómeno migratorio y llamó a regularlo con responsabilidad europea. “El Mediterráneo, de cuna de la civilización a tumba de dignidad”, lamentó.

“No queda dignidad en la gente que rescatamos. Treinta o cuarenta personas metidas en una barcaza de seis metros por tres metros de ancho. Y pasan días en el mar. La gente a menudo me dice, ‘Oh, ¡qué duro lo que haces, puedes estar orgulloso de ti! Pero yo no estoy orgulloso. En realidad, me avergüenzo de todo. Toda la gente que no salvamos, toda la gente que no entra en las cuentas y que sigue ahí. Y son muchos más de los que rescatamos. Y mientras estamos hablando, hay gente allí. La emergencia es de todos los días, todas las noches. Y mientras estamos hablando, algunos de ellos se están ahogando”, concluye Jerome.

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Reportaje a bordo del Ocean Viking, atracado en el puerto de Marsella

El 3 de octubre de 2013, frente a la isla italiana de Lampedusa y las cámaras de televisión, 369 personas murieron al naufragar la embarcación en la que habían zarpado de Libia. En ese momento el mundo supo que el Mediterráneo se había transformado en un cementerio de migrantes.

"Estaba agarrado a una barra y dos personas me estaban quitando el cinturón por detrás. Se me rompió el cinturón y perdí los pantalones. Las personas se hundieron con mis pantalones en las manos", explica un superviviente de esa tragedia.

Tras el terrible naufragio, Italia puso en marcha ‘Mare Nostrum’, una operación de búsqueda y salvamento de personas en peligro en el mar. Se alcanzaron a salvar más de 150.000 vidas. Pero, solo un año después, ante la falta de apoyo de la UE, la operación fue remplazada por ‘Tritón’, ya no para salvar vidas, sino para controlar las fronteras. Y en estos diez últimos años, la multiplicación de naufragios ha convertido al Mare Nostrum en un ‘Mare Mortum’.

Ocean Viking es el barco de la ONG SOS Mediterranée cuyo equipo de profesionales humanitarios lleva a cabo rescates de masa de personas en peligro en aguas internacionales del Mediterráneo

“Las cifras de mortalidad nunca habían sido tan altas desde 2017, es decir que estamos a los niveles pico de la llamada ola migratoria. La Organización Internacional de las Migraciones reseña 2.569 muertos este año, más que la cifra de todo 2022, cuando hubo 1.417 muertos contabilizados”, explica Sophie Beau, fundadora y directora de SOS Mediterranée

“Este año, Túnez fue el principal punto de salida. Es algo nuevo pues hasta ahora era Libia. 2023 ha estado marcado por muchísimas travesías entre las costas libias, tunecinas e italianas. El eje migratorio más mortífero en el mundo”, precisa Beau.

"Pasamos hasta cinco días para llegar al puerto"

Otra novedad aciaga de este año es un decreto de las autoridades italianas que hace aún más difícil el trabajo de rescate de las organizaciones humanitarias. “Antes esperábamos días y días, hasta tres semanas, para poder desembarcar. Ahora nos asignan inmediatamente un puerto seguro, pero que está muy lejos del lugar del rescate. Hemos tenido que ir hasta Hong Kong, En fin, a puertos que quedan a 1.500 kilómetros del lugar del naufragio. Pasamos hasta cinco días para llegar al puerto. Y otro tanto en la vuelta. No hablo sólo del Ocean Viking. Sucede con todos los buques de salvamento. Así es imposible optimizar nuestra capacidad de rescate porque estamos en tránsito antes de desembarcar a los supervivientes. Además, el combustible resulta demasiado costoso. Y algunas ONG ya no pueden operar más por razones financieras”, denuncia.

En virtud de un acuerdo firmado en 2017 entre la UE y Libia, los guardacostas del país del norte africano deben impedir que los migrantes leven anclas rumbo a Europa.

“Todo el tiempo, los barcos están tan sobrecargados que hay que jugar constantemente con la estabilidad de la pequeña embarcación cuando se baja a una persona. El barco está siempre a punto de zozobrar”, afirma Jerome, del equipo de búsqueda y rescate de SOS Méditerranée. En los últimos meses, ha codirigido las misiones de salvamento de barcazas improvisadas que peligran a lo largo de las costas libias

"Los guardacostas libios nos pasan rozando para formar olas y crear el caos"

“Cuando los guardacostas libios llegan con extrema rapidez, hacen olas y uno puede ver el terror en los ojos de la gente. Y no importa cuánto les digamos que se queden sentados para mantener la gravedad. ¡Permanezcan, permanezcan sentados! Pero ellos no pueden evitar levantarse y querer saltar al agua. Y los guardacostas libios nos pasan rozando deliberadamente para formar olas, para crear el caos”, denuncia el rescatista.

Los guardacostas libios también disparan al aire para impedir al Ocean Viking salvar la vida de las personas migrantes que se están hundiendo en el océano. En el puente de operaciones, entre radares y cartas de navegación, Anita coordina tanto la ruta del Ocean Viking como los rescates de migrantes en aguas internacionales del Mediterráneo.

“Por lo general, nos enteramos a través de mensajes de mails. Mails que se mandan a las autoridades italianas y nos ponen en copia. Si tenemos la capacidad de asistir, entonces les decimos a las autoridades que nuestro barco está con la capacidad de asistir, con Cruz Roja a bordo, con hospital, con médicos y un equipo de rescate con tres lanchas rápidas. Otra de las formas de ver si hay gente en peligro es usando binoculares”, explica Anita que navega de forma profesional desde hace 15 años y en 2018 se ofreció como voluntaria.

Ella reconoce que lo más complicado es coordinar con las autoridades, a veces con varios países a la vez como con Italia, Malta o Libia. “A veces te dan respuestas distintas, otras directamente ignoran nuestros llamados. La autoridad competente depende del área de donde estemos. Nosotros podemos prestar asistencia, pero es su responsabilidad y lo que yo necesito es que coordinen. Entonces, para nosotros sentirnos ignorados y dejados en alta mar en las mismas condiciones con las que nos encontramos estas personas en peligro, te preguntas ¿aquí no hay nadie que no esté escuchando?”, denuncia Anita que además ha tenido que vivir cómo los guardacostas libios disparan “más veces de las que me gustaría y son impredecibles”, precisa.

Los guardacostas libios reciben formación y financiación de la UE. A través de una serie de acuerdos informales firmados por el bloque con Turquía, Libia y Túnez, puertos principales de partida de los migrantes, la UE delega en países terceros el control del flujo migratorio a través de la detección y la expulsión de los migrantes mas allá de las fronteras europeas.

Externalización del control migratorio: "La violación más grave de los derechos humanos se produce fuera de la vista"

“Esta política de externalización del control migratorio permite a la UE delegar gran parte del trabajo sucio en terceros países, así que la violación más grave de los derechos humanos se produce fuera de la vista en países donde además, la mayoría de las veces, ni la legislación, ni el sistema judicial cumplen con los criterios mínimos de un Estado de derecho”, afirma Giulia Gelot, jurista, defensora de DDHH y autora del libro ‘Quand la frontière devient une prison’ (Cuando la Frontera se convierte en prisión). (Editorial Croquant, 2023).

La pasarela elevada del Ocean Viking permite avistar embarcaciones en peligro en 360°. “Algunos de los barcos que encontramos tenían soldaduras que ya se estaban rompiendo”, explica el rescatista Jerome.

“Están prácticamente hundidos en el agua. Las personas están sentadas en el borde a flote de la barcaza de menos de un centímetro de grosor. Tienen el trasero en el agua. Se aguantan con las manos que están en el agua. Y en esta especie de bañera mal construida, entra agua todo el tiempo, hay gasolina mezclándose con el agua de mar. Y eso crea una mezcla muy, muy corrosiva para la piel”, explica Jerome.

Las personas están quemadas. Los rescatistas avisan inmediatamente al equipo de recepción y médico que espera en el Ocean Viking la llegada de los sobrevivientes.

“La sal del mar junto con la gasolina provoca quemaduras muy importantes. Entonces, la gente tiene que ir rápidamente a la ducha para bloquear la quemadura que se está produciendo. Hacemos una selección olfativa, los olemos uno por uno para detectar quien tiene que pasar antes a la ducha. También vienen enfermos por deshidratación, no han comido ni bebido durante días, también hay gente herida durante el curso migratorio, los que necesitan ir al hospital son evacuados por helicóptero”, explica Carla, directora de operaciones.

No sólo las mujeres son violadas en Libia

Tras pasar meses, incluso años, en Libia, las personas rescatadas en el mar suelen encontrarse en un delicado estado de salud debido a la extrema violencia que sufrieron allí y a las terribles condiciones de detención. El equipo médico a bordo se encuentra con numerosos casos de heridas de bala o cuchillo, fracturas múltiples, signos de tortura, enfermedades cutáneas e infecciones respiratorias.

“Muchas de las mujeres que pasan por Libia son violadas”, explica Carla por lo que también ofrecen un primer apoyo psicológico y detección de enfermedades sexualmente transmisibles. “También ofrecemos ayuda a los hombres porque a los hombres también los violan, pero eso se dice menos. Nunca se dice en público”, añade la directora de operaciones.

Huir hacia el desierto o el mar

“Quienes arriesgan su vida en el mar no invaden, buscan la vida”, afirmó el Papa Francisco recientemente en Marsella. “El Mediterráneo es el grito ahogado de los hermanos y hermanas migrantes", agregó Jorge Bergoglio. Migrantes que, a veces, Jerome logra rescatar de las garras de la muerte.

“Un náufrago que rescatamos nos contó que cuando zarpó de Túnez tuvo que zigzaguear entre cadáveres que flotaban. Era de Costa de Marfil y vivió cuatro años en Túnez, aprendió el árabe, trabajó hasta que un día el presidente tunecino dijo que personas como él representaban un peligro para la identidad nacional. Entonces, de la noche a la mañana se quedó en la calle con los días contados para huir. Tenía la opción del desierto –porque hay redadas en este momento, meten hasta 500 personas en un camión y las abandonan en pleno desierto, sin agua, ni alimento- o la opción del mar para poder huir”, cuenta el rescatista.

La visita del Papa al puerto de Marsella ha coincidido con los diez años de la tragedia en Lampedusa en donde también estuvo presente una vez ocurrió. En el puerto francés, ante purpurados, políticos y el presidente francés Emmanuel Macron, el Pontífice condenó la propaganda alarmista sobre el fenómeno migratorio y llamó a regularlo con responsabilidad europea. “El Mediterráneo, de cuna de la civilización a tumba de dignidad”, lamentó.

“No queda dignidad en la gente que rescatamos. Treinta o cuarenta personas metidas en una barcaza de seis metros por tres metros de ancho. Y pasan días en el mar. La gente a menudo me dice, ‘Oh, ¡qué duro lo que haces, puedes estar orgulloso de ti! Pero yo no estoy orgulloso. En realidad, me avergüenzo de todo. Toda la gente que no salvamos, toda la gente que no entra en las cuentas y que sigue ahí. Y son muchos más de los que rescatamos. Y mientras estamos hablando, hay gente allí. La emergencia es de todos los días, todas las noches. Y mientras estamos hablando, algunos de ellos se están ahogando”, concluye Jerome.

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