Médicos españoles al rescate de la campiña francesa

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En Francia, la Constitución garantiza un acceso igualitario al sistema sanitario. Sin embargo, un 11% de la población francesa vive en un desierto médico: un territorio donde hay muy pocos doctores y poder acudir a una cita requiere de una larga espera o de un largo trayecto. El problema es especialmente grave en algunas zonas rurales, donde el envejecimiento de la población y la falta de personal sanitario se ha convertido en una bomba de relojería. Para escuchar el reportaje, haga clic en el play, encima de la foto. Las 24 horas de Le Mans es una de las carreras de resistencia de automóviles más conocidas del planeta. Miles de visitantes se dan cita cada año en Le Mans, una ciudad del oeste de Francia, que ha hecho de esta competición del motor una de sus principales atracciones turísticas y una gran fuente de ingresos. Sin embargo, a una veintena de kilómetros del circuito, reina la tranquilidad y el silencio. Beaufay es un pueblo de la Sarthe, uno de los departamentos más rurales de Francia, cercano al valle del Loira y sus castillos. En esta localidad de 1500 habitantes residen muchos jubilados, que vienen buscando tranquilidad, pero hace no mucho se encontraban con un enorme freno: no había médico de cabecera. “Como ocurría antes en muchos pueblos, teníamos un médico que trabajó toda su vida aquí. Se jubiló sin tener reemplazante y nos pidió que encontráramos uno, pero no fue fácil,” apunta Geraldine Vogel, la alcaldesa de Beaufay. “Estuvimos dos años sin médico y la población tenía que ir en busca de un doctor a los pueblos de los alrededores, lo cual es muy difícil porque hay pocos médicos en todo el departamento e incluso en la región, Países del Loira”. La mayoría de los médicos en Francia trabajan por cuenta propia. Pueden rechazar a un nuevo paciente, si consideran que su consultorio ya está lleno y son libres de instalarse donde quieran, sin respetar criterios de repartición por el territorio francés o de cobertura sanitaria de la población. Desde algunos sectores se apunta a este sistema como el culpable de la gran desigualdad existente en materia de salud: si en algunos departamentos de Francia hay hasta 150 médicos de familia por cada 100.000 habitantes, en otros, como La Sarthe, donde nos encontramos, hay apenas 60. Una problemática a nivel nacional Sylvain Gautier es el farmacéutico de Beaufay desde hace 30 años y por eso conoce al dedillo la problemática de los desiertos médicos. “Los médicos jóvenes prefieren instalarse en las ciudades, no quieren vivir en regiones rurales como la nuestra, aunque estemos a 20 minutos de Le Mans, donde se toma un tren de alta velocidad que te lleva a París en una hora. Tenemos de todo en nuestra zona, pero eso no cambia nada. Hasta que no se apruebe una ley que imponga una red sanitaria a nivel nacional, seguirán faltando médicos en muchas regiones”. En realidad, faltan médicos en toda Francia. En los años 80 se empezó a limitar fuertemente el número de estudiantes de medicina, lo que ha llevado a una penuria generalizada. Se jubilan más doctores de los que se forman, y aunque las universidades aumentaron el número de estudiantes de medicina en plena pandemia de coronavirus, la situación va a seguir empeorando durante al menos una década. De ahí que pueblos como Beaufay hayan mirado al extranjero para paliar su falta de médicos de familia. Alain tiene 82 años y muchos problemas de salud, por los que le tuvieron que amputar las dos piernas. Este veterano de la Guerra de Argelia, ferroviario jubilado, recibe en su casita con jardín a su médica de cabecera. Se llama Pilar Freire y es española. Una red andaluza en plena Sarthe Pilar trabajó durante un cuarto de siglo en su Andalucía natal hasta que, cansada del sistema de salud local, respondió a la oferta de trabajo de una agencia de contratación de médicos, que llevaba dos años buscando a un doctor que quisiera instalarse en Beaufay. Esta médica de familia, amante de la medicina rural, decidió dejarlo todo y mudarse a Francia. “La decisión no es fácil porque dejas tu país, tu idioma, tu familia y amigos. Ponerte a aprender un idioma a mi edad, 53 años entonces, no es fácil. Fueron seis meses muy difíciles, pero también había una motivación y una ilusión, en un momento de la vida en la que solo queda la rutina hasta jubilarse”. La instalación de Pilar en Beaufay se vio facilitada por muchas ayudas económicas que detalla la alcaldesa, Geraldine Vogel. “Hay ayudas financieras de varios organismos para los médicos que abren un primer consultorio por cuenta propia. Además, nosotros le pusimos a disposición el consultorio médico y un alojamiento, gratuitamente durante un año”. Pilar abrió su consultorio tras dos años sin médico en el pueblo, y la acogida fue espectacular. “El primer día, el consultorio estaba lleno. Todo el mundo venía con su dosier y con una sonrisa de oreja a oreja. Eran todo facilidades, todo ‘¡menos mal que habéis venido, sois nuestros salvadores! ¡Eres como un ángel venido del cielo para nosotros!’”, recuerda emocionada Pilar. Alain fue uno de los primeros pacientes de Pilar y goza del privilegio de tener visitas a domicilio, que han pasado de ser normales en zonas rurales francesas a ser cada vez menos comunes. “Cuando se instaló la doctora, volvimos a respirar tranquilos. Al menos había alguien aquí que podía cuidarnos. No me chocó que fuera española, yo me adapto a todo el mundo, aunque a veces sí que hay algún problema de comprensión por el idioma, pero acabamos entendiéndonos,” dice con algunas dificultades el ferroviario jubilado. '¡Eres como un ángel venido del cielo para nosotros!’ Pilar sabe que su francés ha mejorado mucho en estos cuatro años, pero los primeros meses fueron complicados. “Las primeras visitas [a domicilio] fueron complicadas, porque las personas mayores hablan el ‘sarthois’ [un dialecto local del francés]. Me acuerdo de la primera visita, que yo no me enteraba de nada. Yo desnudé completamente a la paciente porque no me enteraba de nada de lo que me decía. Pero bueno, rápidamente ya me señaló donde le dolía, me ofreció un café. Ya era todo maravilloso. Las visitas a domicilio son entrañables”. Pilar es la médica española más veterana de la zona, donde ya hay más de diez doctores españoles, repartidos por varios pueblos cercanos. La mayoría son amigos suyos, o amigos de amigos. Una verdadera red andaluza en plena Sarthe, que ha importado la manera española de ejercer la medicina de familia: escucha, cercanía y atención para el paciente, como detalla Ana Luque, otra de las médicas de Beaufay. “Todos los días les pregunto, cuando vienen, cómo está su familia, su marido, sus hijos. Si están durmiendo bien, si comen bien. Observo si van vestidos bien, si van arreglados, si no se asean. El papel del médico no es solamente ser médico. Es abrirte un poco a ellos para que ellos se sientan protegidos,” asegura la doctora española. Pacientes de hasta 30km a la redonda Este buen trato de los pacientes se refleja en una sala de espera casi siempre llena. Aunque se observa una mayoría de personas muy mayores, también hay algunos niños, como la nieta de Valérie, que espera pacientemente entre los brazos de su abuela su turno para ver a la doctora Luque. El papel del médico no es solamente ser médico. Es abrirte un poco [a los pacientes] para que ellos se sientan protegidos. “No soy de Beaufay. Vivo a 10 kilómetros de aquí. Mi médico se jubiló y tuve que buscar una solución. Al principio no nos entendíamos muy bien, a causa de la barrera del idioma, pero ahora el francés de la doctora ha mejorado mucho”, apunta Valérie con una sonrisa en los labios. “Por lo menos aquí consigo una cita rápidamente, pero es mucho más difícil ver a un especialista: ginecólogo, oftalmólogo, dentista, ¡la espera es muy larga! Es cada vez más difícil ver a un médico en la Sarthe”. Una dificultad a la que también se ven confrontados los médicos de familia de Beaufay, empezando por Ana Luque. “Hay pocos especialistas. El otro día una paciente me dijo que le daban la cita para septiembre [siete meses después]. Muchas veces no sabemos qué hacer, porque puede ser un melanoma la lesión que tiene. Los pacientes se sienten desprotegidos, sobre todo las personas mayores. Los más jóvenes no lo notan,” sugiere la médica. La farmacia de Beaufay no para, gracias en parte a los medicamentos recetados por los doctores españoles del pueblo. El farmacéutico, Sylvain Gautier, fue uno de los impulsores de su llegada a la Sarthe y los acogió como un amigo. Para Sylvain, Beaufay ya no se puede considerar como un desierto médico. “En cuanto conseguimos atraer a médicos de familia, con numerosas competencias, el desierto sanitario se alejó. Para las urgencias está el hospital público, que en Francia siempre responde presente”, asegura el farmacéutico del pueblo “Si un paciente viene a la farmacia a contarme que no consigue cita rápidamente para ver a un dermatólogo por un problema de acné, ¡realmente no hay urgencia! Sin embargo, si tiene un problema con una mancha de la piel que ha cambiado de color y forma, podemos mandarle una foto a un dermatólogo que le da una cita para la semana misma. Creo que nos hemos acostumbrado en los últimos 40 años a ir al dermatólogo, al ginecólogo, al dentista, por cualquier pequeño problema. En Francia hemos perdido la confianza en los médicos de cabecera, pero creo que nuestros tres médicos españoles son muy competentes y podrán gestionar ese problema”. Un médico y una escuela La pandemia de coronavirus ha confirmado una tendencia que los sociólogos habían detectado ya años antes: las zonas rurales son cada vez más atractivas para algunas familias jóvenes, con dos condiciones, según la alcaldesa de Beaufay, Geraldine Vogel: “Nos hemos dado cuenta de que la primera pregunta que hacen las familias jóvenes con niños, cuando estudian si instalarse aquí, es si hay médico y escuela. Por eso, fue un gran alivio que los tres doctores españoles se instalaran en Beaufay. Un alivio y un orgullo. Otros alcaldes de la zona me preguntan cómo he conseguido atraer y mantener nada menos que a tres médicos. Yo les digo que hay que acompañarlos y recibirlos como a buenos amigos. Darles un gran recibimiento con la población, que sientan cuán esperados eran, porque ¡Dios sabe que los esperábamos!” Sin embargo, Geraldine Vogel sabe que este momento dulce no durará eternamente. “No son médicos jóvenes. Sé que no trabajarán 20 o 30 años aquí. Vamos a tener que anticipar su marcha, ya sea por jubilación o por razones familiares. Puede que ellos nos ayuden, en su momento, a atraer a otros doctores. En todo caso, intentaremos encontrar a sus reemplazantes antes de que se vayan. Quizá otros españoles, o de otra nacionalidad, o médicos franceses, lo cual sería genial,” apunta la alcaldesa, antes de volver al trabajo para intentar que el resto de los servicios indispensables para la localidad no cierren.

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